Esta vieja camiseta, hace que la percha que llevo por clavículas la maneje a su antojo, dejandome un hombro al descubierto y una de sus mangas se convierte en un guante, con lo cual mis dedos escriben como pueden. El pelo me hace cosquillas en el cuello y los rizos recorren mi cara jugando caprichosos entre los labios.
Mis pestañas hablan con mis ojos, y me piden un rato de descanso, ¿qué hora es?, ¿a que día estamos?, ¿descansar ahora? Y al notar mis pupilas como se llenan de puntitos de colores se que es el momento de encender un piti, dejar el lápiz digital y tener un poco de tregua conmigo misma.
Sacudo mi cabeza, caen fotografías, píxeles, bytes, todavía siento que tiene demasiadas cosas, otra vez vuelvo a sacudirla, resoluciones, filtros, aumentos. Si continuo así se que el riesgo de verla en el suelo es grande, pero a pesar de ello no dejo de agitarla esperando vaciarla un poco más, un poco más.
Quedan todavía jornadas de quemar retinas y me hace falta que mis pensamientos se vuelquen solo en cada uno de mis trabajos. Joder que fácil decirlo...¿dibujo sentimientos o son los sentimientos los que me hacen dibujar?. Mi muso ( tengo muso, soy mujer, ¿para que coño querría una musa?) esta en cada uno de los colores, es el bosque, la montaña, el verde de los valles, es la espuma, el agua, el azul del mar y yo...yo dejo mi corazón de roca descasando en los acantilados de su playa que siempre, es la mía.
El piti se ha consumido en el cenicero, noto a mis pulmones dándome las gracias por ello, busco mis gafas, miro el calendario, pronto vendrán los carnavales, recuerdo Venecia...
Con un hombro desnudo, pupilas cansadas y toda la noche para crear, decido descansar un poco mas paseando en góndola. Mi muso, claro, también viene conmigo, siempre vendra conmigo, porque todos los píxeles que estan a mi lado son suyos.
Solo puedo decir: gracias, gracias, gracias, porque sin ti nada de esto sería posible. Mientras me quede corazón, aunque sea de roca, estas en mí.








